El arzobispo de Denver cuestiona la propuesta ‘aperturista’ de los obispos alemanes y les pregunta si creen que el martirio de Moro y Fisher fue en vano

Arzobispo Samuel Joseph Aquila, 01

En un artículo publicado hace algunos días, el arzobispo de Denver cuestiona la ‘propuesta alemana’ que pretende posibilitar el acceso a la comunión sacramental por parte de divorciaos que viven en una nueva unión civil. El prelado señala de forma sagaz los orígenes ancestrales de dicha propuesta, el cisma anglicano, y pregunta a sus hermanos alemanes si el martirio de Tomás Moro y Juan Fisher fue en vano.

Denver | 22 de octubre de 2015 | En un artículo publicado el pasado 19 de octubre, el arzobispo de Denver, Samuel Joseph Aquila, cuestionó la propuesta llevada al Sínodo por los obispos alemanes con la que pretenden permitir la comunión sacramental a los fieles divorciados que viven en una nueva unión civil, sea por la vía de una directriz universal del Papa o por la vía de conceder autonomía a las conferencias episcopales para que realicen un ‘abordaje propia’ bajo el argumento de respetar la ‘diversidad regional’.

“Durante el sínodo de la familia que se está llevando a cabo en Roma, algunos obispos alemanes y sus partidarios están presionando a la iglesia que permita a los divorciados y vueltos a casar el poder comulgar y recibir el cuerpo de Cristo, mientras que demás obispos del mundo insisten que la iglesia no puede cambiar la enseñanza de Cristo. Ello nos cuestiona: ¿Creen los obispos alemanes que Santo Tomás Moro y John Fisher sacrificaron sus vidas en vano?”

Durante la semana pasada fue divulgada la intervención en el Sínodo del cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, en la que pide que se considere seriamente el acceso a la Eucaristía de fieles divorciaos y vueltos a ‘casar’. Ante la dificulta de encontrar apoyo mayoritario a la propuesta, el abad Jeremias Schröder, presidente de la Congregación de Santa Otilia, sugirió que las conferencias episcopales tuvieran poder de decisión sobre éste y otros asuntos polémicos, para “respetar la diversidad regional”, asegurando que “la mayoría de los padres sinodales es favorable”.

En el artículo, publicado en el periódico Denver Catholic, el prelado – que no participa del Sínodo – apunta que en la práctica, la ‘propuesta germana’ llevaría a la Iglesia, a través de los hechos, a reconocer las nuevas uniones de los fieles que se han divorciado de sus legítimos cónyuges, lo que no es una idea nueva – dice -, tiene centenas de años y fue desastrosa para la Iglesia.

“La idea de que debemos permitir a los católicos que ‘casarse’ de nuevo y comulgar no comenzó con la carta firmada por el cardenal Kasper y los miembros del episcopado alemán en 1993. Fue otro episcopado, el inglés, el pionero de este ‘experimento’ […] hace ya casi 500 años”.

Para Aquila, las raíces de la propuesta alemana, están en el cisma anglicano. En el capricho de Enrique VIII que pretendia que la Iglesia reconociera su divorcio con Catalina de Aragón, con el pretexto de que no le daba hijos varones, y aceptara su nueva unión civil con Ana Bolena. Señala que, así como hoy los que defienden una agenda aperturista no se sienten confortables aceptando clara y abiertamente el divorcio y las nuevas uniones, también en aquella época, los obispos ingleses, con el cardenal Tomás Wolsey a la cabeza, optaron por un arreglo singular, “dependiendo de la persona y la circunstancia”, y concedieron al rey la ‘anulación’ que quería “bajo una premisa fraudulenta y sin que Roma lo sancionara”.

“Si el heroísmo ‘no es algo que debemos esperar del cristiano común y corriente’ como lo ha expresado el cardenal Walter Kasper, ciertamente no era de esperarlo tampoco del rey de Inglaterra. En vez de ello, fueron argumentos en base a su función -como cuestiones de satisfacción personal y del bienestar de la nación- lo que consiguieron su divorcio; y al rey de Inglaterra no se le puede molestar con pequeñeces y pedirle que no comulgue porque vive un matrimonio irregular”.

Recuerda que entre todo el episcopado del país sólo John Fisher, obispo de Rochester, rechazó la farsa. “El matrimonio del rey y la reina que no lo separe ni Dios ni el hombre” dijo. Al pastor se le unió – en un acto de fidelidad a la Verdad, a la Iglesia y a su propia conciencia – un alto político, nada menos que el canciller del rey, Tomás Moro. Ambos, murieron mártires por fidelidad a Cristo, al no aceptar el nuevo ‘matrimonio’ del monarca. Años más tarde fueron canonizados.

Por eso, el obispo estadounidense inquiere: “¿Creen los obispos alemanes que Santo Tomás Moro y John Fisher sacrificaron sus vidas en vano?”

Subraya que las enseñanzas de Jesús muestran que el sacrificio y la virtud heroica son necesarias para seguirle. “Cuando leemos el nuevo testamento con el corazón abierto, un corazón que no antepone al mundo […] puede verse el costo de ser su discípulo. Les vendría bien a los obispos alemanes leer El precio de la Gracia, del mártir luterano Dietrich Bonhoeffer, ya que lo que ellos fomentan es una ‘gracia barata’ en vez de la ‘gracia que se recibe a un alto precio'”.

El arzobispo de Denver afirma que “la iglesia debe ir en pos de los que están al margen de la fe y la misericordia, pero la misericordia siempre habla con la verdad, nunca dispensa el pecado y reconoce que la cruz está al centro del Evangelio”.

“Pensemos por ejemplo, en la mujer adúltera que los fariseos llevaron a Jesús para tenderle una trampa, lo primero que hizo fue protegerla ante sus acusadores y lo segundo invitarla a dejar su pecado diciéndole ‘vete’ y le mandó ‘en adelante, no peques más’ (cf. Jn 8, 12)”.

Por eso, para la Iglesia Católica, “que sigue las palabras de Cristo, el divorcio y las nuevas uniones son sencillamente adulterio llamado de forma distinta. Y debido a que la comunión está reservada para el católico que se encuentra en estado de gracia, aquellos que viven situaciones irregulares no pueden participar en ese aspecto de la iglesia; no obstante, son bienvenidos en las parroquias y a la Eucaristía misma”.

Aquila cita una entrevista concedida por el cardenal Kasper al Commonweal, el pasado mes de mayo, en la que afirmó: “no puedo decir si se vive en adulterio”, refiriéndose al caso de un cristiano divorciado y arrepentido que se involucra en “relaciones sexuales” en nueva unión. “Sin embargo, – escribe el estadounidense – Cristo llamó claramente adulterio a casarse de nuevo y dijo que es pecado […] aunque existan sentimientos de sinceridad y fidelidad”.

“Si añadimos a la ecuación el gran porcentaje de fracasos de nuevas uniones subsecuentes al divorcio, nadie podría decirnos adónde nos llevaría la lógica del cardenal Kasper. Por ejemplo, ¿debería permitirse la comunión sacramental solamente a aquellos que entran en nueva unión por primera vez? , y ¿qué de los que se han casado una o dos veces? Obviamente los mismos argumentos que usamos para diluir las prohibiciones de la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio también pueden aplicarse al uso de anticonceptivos y cualquier otro aspecto de la teología apostólica romana que el mundo moderno y egoísta considere ‘difícil'”, argumenta.

Y advierte “predecir hacia dónde nos llevaría todo esto no es cuestión de augurar el futuro, sino simplemente de mirar al pasado. Simplemente veamos a la iglesia Anglicana que abrió sus puertas al uso de anticonceptivos, al divorcio y a volverse a casar en algunos casos”.

El arzobispo asevera que el ‘plan B’ de los obispos alemanes de “hacer las cosas a su manera” dentro de su país, contiene las mismas fallas. “Solo piensen en las palabras que dijo aquél que está a la cabeza de la Conferencia Episcopal Alemana, el cardenal Reinhard Marx, a quien la revista National Catholic Register cita diciendo que ‘el sínodo no puede determinar en detalle lo que debemos hacer en Alemania, […] no somos una subsidiaria de Roma, cada conferencia episcopal es responsable del cuidado pastoral de su propia cultura y debe proclamar el evangelio de manera propia y única”.

“Ciertamente Enrique VII estaría muy de acuerdo con ellos”, apunta con cierto humor negro monseñor Aquila. “También los anglicanos exigieron esa autonomía”.

“Sobre las nuevas uniones y otros temas podría decirse que la enseñanza de la iglesia, que es lo que predicó Jesucristo, es sencilla. Pero Cristo mismo no cambió ninguna de sus enseñanzas para evitar que sus discípulos le abandonasen, ya fuere sobre la Eucaristía o el matrimonio (Jn 6, 60-71; Mt 19, 3-12). Tampoco John Fisher cambió su postura para que el rey siguiese siendo católico”, concluye.

Usted puede leer el artículo completo aquí, en español, o aqui, en inglés.

– NotiFam