Cardenal Sarah: Ni ‘homogamia’ ni ‘poligamia’, no podemos asimilar lo que viene del Enemigo; debemos emprender una verdadera ‘Epifanía de la Familia’

Cardenal Robert Sarah, 03

Presentamos aquí el texto íntegro de la intervención del cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, durante el Sínodo de la Familia que se desarrolla del 4 al 25 de octubre en el Vaticano. En él, el purpurado apunta la idolatría a la libertad y el fundamentalismo islámico como las dos mayores, mortales e inesperadas amenazas contra la familia hoy. En su diagnóstico, la idolatria occidental a la libertad absoluta se concreta en la ideología de género y en el lobby gay que apuntan hacia la ‘homo-gamia’; en tanto que, en el otro polo el avance terrorista del islamismo ideologizado deja un rastro de destrucción en las familias, al imponer la ‘poligamia’ y sus males derivados. Para el cardenal africano, la solución no es diluir la fe cristiana y pactar con la mentalidad mundana, tentación que confiesa ya haber sentido. Lo que viene del Enemigo – dice – no puede y no debe ser asimilado. En cambio, la Iglesia debe emprender una verdadera ‘Epifania de la Familia’, ayudando al hombre de hoy a descubrir la belleza del matrimonio cristiano. En la base de éste esfuerzo debe haber, como base, una sólida iniciación cristiana para los adultos.

Discurso del Cardenal Robert Sarah en el Sínodo da Familia

Texto para el Sínodo de la Familia

Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
En el aula sinodal; Vaticano, octubre de 2015

Su Santidad, Eminencias, Excelencias, participantes del Sínodo,

Propongo estas tres líneas de pensamiento:

1. Más transparencia y respeto entre nosotros.
Experimento una profunda necesidad de invocar al Espíritu de Verdad y Amor, la fuente de la parresía al hablar y de la humildad al escuchar, el cual es el único capaz de crear verdadera armonía en la pluralidad.

Digo francamente que, en el Sínodo previo, en relación a varios asuntos experimenté la tentación de rendirme a la mentalidad del mundo secularizado y del occidente individualista. Reconocer las así llamadas “realidades de la vida” como un locus theologicus significa renunciar a la esperanza del poder transformador de la fe y del Evangelio. El Evangelio que alguna vez transformó culturas está ahora en peligro de ser transformado por ellas. Además, algunos de los procedimientos utilizados [en el Sínodo pasado] no parecían tener como objetivo enriquecer la discusión y la comunión, en la medida en que promovían una perspectiva típica de ciertos grupos de las iglesias más ricas. Esto es contrario a una Iglesia pobre, [opuesto] a un gozoso, evangélico y profético signo de contradicción en el mundo secularizado. No se puede entender por qué algunas declaraciones que no fueron aceptadas por la mayoría cualificada del último Sínodo aparecieron en la Relatio, y luego, en los Lineamenta y en el Instrumentum laboris, cuando otras cuestiones urgentes y muy actuales (como la ideología de género) en cambio se ignoraron.

Por lo tanto, la primera esperanza es que, en nuestra labor, gocemos de más libertad, transparencia y objetividad. Por esto, sería benéfico publicar los resúmenes de las intervenciones, para facilitar la discusión y evitar cualquier prejuicio o discriminación al aceptar los pronunciamientos de los Padres sinodales.

2. Discernimiento de la historia y de espíritus.

Una segunda esperanza: que el Sínodo honre su histórica misión y no se limite a sí mismo a hablar sólo de ciertas cuestiones pastorales (por ejemplo, la posibilidad de la comunión para divorciados vueltos a ‘casar’), sino que ayude al Santo Padre a enunciar claramente ciertas verdades y a ofrecer una guía real a escala global. Hay nuevos retos con respecto al sínodo celebrado en 1980. Un discernimiento teológico nos hace capaces de visualizar en nuestra época dos amenazas inesperadas (casi como dos “bestias apocalípticas”) ubicadas en polos opuestos: por una parte, la idolatría occidental de la libertad; por otra, el fundamentalismo islámico. El secularismo ateo versus fanatismo religioso. Para usar un slogan, nos encontramos entre “la ideología de género y el ISIS [Estado Islámico de Irak y el Levante]”. Las masacres islámicas y las demandas libertarias regularmente contienden por la primera plana de los diarios. (¡Recordemos lo que ocurrió el 26 de junio último!). A partir de estas dos radicalizaciones surgen las dos mayores amenazas para la familia: su desintegración subjetivista en el occidente secularizado a través del acceso rápido y fácil al divorcio, al aborto, a las uniones homosexuales, a la eutanasia, etcétera (cf. La Teoría de Género, FEMEN, el lobby LGBT, el IPPF…). Y, en el otro extremo, la seudo familia del Islam ideologizado, que legitima la poligamia, la servidumbre de la mujer, la esclavitud sexual, el matrimonio infantil, etcétera (cf. Al Qaeda, ISIS, Boko Haram…).

Son varios los indícios que nos permiten intuir el mismo origen demoníaco de estos dos movimientos. A diferencia del Espíritu de Verdad que promueve la comunión en la diversidad (perichoresis), aquéllas promueven la confusión (homo-gamia) o la subordinación (poli-gamia). Además, exigen una regla universal y totalitaria, son violentamente intolerantes, destructores de las familias, de la sociedad y de la Iglesia, y son abiertamente cristianofóbicos.

“No estamos luchando contra creaturas de carne y sangre…” (Cf. Ef. 6, 12). Necesitamos ser incluyentes y dar la bienvenida a todo lo que sea humano; pero lo que viene del Enemigo no puede y no debe ser asimilado. ¡No puedes unirte a Cristo y a Belial! Lo que el nazismo fascista y el comunismo fueron en el siglo XX, lo son hoy en día las ideologías homosexual y abortista en occidente y el fanatismo islámico.

3. Proclamar y servir a la belleza de la monogamia y de la Familia.

De cara con estos dos retos mortales y sin precedentes (la “homo-gamia” y la “poli-gamia”), la Iglesia debe promover una verdadera “Epifanía de la Familia“. Pueden contribuir a ello, tanto el Papa (como portavoz de la Iglesia), como en su actuar individual, los obispos y pastores del rebaño: es decir, “la Iglesia de Dios, la cual Él ha obtenido al precio de su propia sangre” (Hch. 20, 28).

Nosotros debemos proclamar la verdad sin miedo, es decir, el Plan de Dios, que es monogamia en el amor conyugal abierto a la vida. Teniendo en cuenta la situación histórica, es urgente que la Iglesia, en éste encuentro, proclame definitivamente la voluntad del Creador para el matrimonio. !Cuántas personas de buena voluntad y con sentido común se unirían en este acto de valentía luminosa llevado a cabo por la Iglesia!

Junto con una firme y clara palabra del Supremo Magisterio, los pastores tenemos la misión de ayudar a nuestros contemporáneos a descubrir la belleza de la familia cristiana. Para hacer esto, se debe primero promover todo lo que representa una verdadera iniciación cristiana de adultos, porque la crisis del matrimonio es esencialmente una crisis de Dios y, al mismo tiempo, una crisis de fe, lo que implica una pueril iniciación cristiana. Entonces, debemos discernir aquellas realidades que el Espíritu Santo está ya revelándonos en la Verdad de la Familia como una comunión íntima en la diversidad (hombre y mujer), que es generosa con el don de la vida. Nosotros, los obispos, tenemos el urgente deber de reconocer y promover los carismas, movimientos y las realidades eclesiales en las cuales la familia es genuinamente revelada, este prodigio de armonía, amor a la vida, y esperanza en la Eternidad, esta cuna de fe y escuela de caridad. Y existen tantas realidades ofrecidas por la Providencia, desde el Concilio Vaticano II, en las cuáles éste milagro es ofrecido.

Texto divulgado, originalmente en inglés, por Aleteia, el día 13 de octubre de 2015.

Las partes destacadas corresponden al original. Traducción: DX.