Surge un movimiento mundial

Amanda Pawloski

NUEVA YORK, 29 de octubre (C-FAM) – Redactaron su declaración un año atrás, sin saber que suscitaría un movimiento internacional.

Actualmente, cerca de medio millón de personas firmaron la Declaración de Manhattan, un «llamado de conciencia cristiana» que en un principio surgió ante la preocupación de que los líderes estadounidenses hubieran perdido la noción de lo que significa la libertad religiosa. Desde entonces, la declaración no sólo ha reafirmado los valores cristianos, sino que también ha generado movimientos afines en otros dos continentes y una importante muestra de unidad ecuménica.

La definición de la libertad religiosa como el «derecho al culto» privado, efectuada por el presidente Obama, fue lo que preocupó de manera especial a los autores, según aseguró Robert George, uno de los tres hombres que conformaron el comité de redacción de la declaración. Ellos coincidían en que la libertad religiosa debe incluir un sólido derecho a atestiguar la fe cristiana en público, y se pusieron a redactar una declaración que reafirma la interpretación cristiana de la vida, de la libertad religiosa y del matrimonio.

George, profesor de la Universidad de Princeton, dijo a Friday Fax que la Declaración de Manhattan fue publicada hace un año y que resulta especialmente reconfortante que haya dado lugar a afirmaciones similares redactadas en Westminster (Reino Unido), Canberra (Australia) y Rhode Island (Estados Unidos).

Estas declaraciones, publicadas durante la primavera y el verano nórdico de 2010, parecen encontrar adeptos a gran velocidad. Ellas reafirman los mismos valores que la Declaración de Manhattan utilizando el lenguaje y el contexto legal de sus propias comunidades.

George asegura que el hecho de que aquellas comunidades produjeran de manera espontánea sus propias declaraciones lo sorprendió. Por otro lado, él estaba al tanto de situaciones en esos países que reclamaban acción. Contó el caso de un amigo a quien el gobierno del Reino Unido negó la posibilidad de ofrecer un hogar sustituto a niños en adopción por ser cristiano. El Estado alegó que un hogar cristiano no reuniría las características antidiscriminatorias requeridas por el sistema de hogares de guarda.

No obstante, George aclaró que lo que motivó la Declaración de Manhattan fue algo más que sólo influir en las políticas. También resalta que la comunidad cristiana no vivió de acuerdo con sus principios. «Es un pedido de disculpas», afirmó.

Destacados líderes evangélicos, católicos y ortodoxos, por su parte, abrazaron el manifiesto de Manhattan en una admirable muestra de unidad ecuménica. Impactó a George el ejemplo de laicos trabajando mano a mano con autoridades eclesiales.

Quienes critican la Declaración de Manhattan manifiestan su escepticismo ante el hecho de que la religión pueda servir como base para la promoción de valores pro- vida y  familia. Una de las tres declaraciones posteriores, en efecto, evita promover la cristiandad abiertamente. La Declaración de Rhode Island se dirige a «todos los ciudadanos, tanto creyentes como no creyentes».

Sin embargo, líderes religiosos texanos y californianos utilizaron la Declaración de Manhattan como una oportunidad para catequizar. Un programa de Oakland llamado «Camino a Manhattan» instruye a las personas que desean saber más acerca de los valores promovidos en la declaración.

En última instancia, George espera que la Declaración de Manhattan active la voz política del público cristiano. «Es importante que aprovechemos los recursos presentes en el seno de la religión», afirma.

Charles Colson, líder evangélico, y Timothy George, profesor de Teología, redactaron la declaración conjuntamente con Robert George.

Publicado originalmente en http://www.c-fam.org/publications/id.1727/pub_detail.asp